Foto: Alumni UMA. La vicerrectora de Cultura, Tecla Lumbreras, en el espacio expositivo del Contenedor Cultural UMA

Tecla Lumbreras apostilla que la Universidad ha servido positivamente en la evolución de la ciudad

La vicerrectora de Cultura incide en que todo espacio cultural de la ciudad es para sus ciudadanos: “Se focaliza sobre todo en los extranjeros”

Si los jóvenes son el futuro, es porque el presente es también de ellos; prestarles especial atención, escucharlos y formarlos adecuadamente. Es la conclusión que la profesora y vicerrectora de Cultura en la Universidad de Málaga, Tecla Lumbreras Krauel (Málaga, 1954), me transmitía mientras reconoció entre risas que la cerveza le hace decir más la verdad. “Me gusta rodearme de juventud, atenderles, porque sino siempre seré una abuela”, reconoció al tiempo en que declaró sentirse con un espíritu y una mentalidad más joven de la que figura en su DNI. Así se mostraba Lumbreras. Una persona extrovertida, risueña y cercana con un cigarro siempre encendido y su cerveza de origen andaluz sobre una de las mesas del jardín del Contenedor Cultural UMA. Un espacio que ha favorecido a la UMA para posicionarla “en el círculo cultural de la sociedad malagueña”. 

De la joven bohemia, tal y como se define, aún queda todo. No solo los recuerdos de unas vacaciones de dos semanas en París que se tornaron en dos años (aunque se hubiera estado siempre). Ni la música, ni la cultura, ni la osadía, ni tan siquiera su querido José Miguel tras su partida. Su presente le es fiel al pasado, a lo que sueña hacer en el futuro. Todo vive en ella, una vida que no se apartó del arte, permitiéndole hacer lo que le “ha dado la gana” para demostrar a sus alumnos que la cultura no es antigua ni aburrida. Así nos lo cuenta en el marco de los cincuenta años de la Universidad, siempre en alusión al amor a su pareja entre libros, aventuras y mucha mucha música. En efecto, libros que guardan una bella historia entre los muros de Proteo. Ya nos dijo su dueño, Jesús Otaola, que recordaba especialmente en fotografías a Tecla Lumbreras. 

La Universidad de Málaga celebra su 50 aniversario, un recorrido en el que ha sido partícipe. ¿Cómo definiría el servicio que ha estado prestando a la Universidad?

Sí, creo que mi participación ha sido positiva. Por ejemplo, en relación a actividades que hacía antes de ser vicerrectora, como Galería Central. Después, sus responsables la fueron dejando de hacer con la misma periodicidad e intensidad. Cuando yo estaba, llegó a venir Canal Sur para cubrir cada exposición. 

¿Y a la propia ciudad?

Absolutamente, la Universidad ha servido positivamente en la evolución de la ciudad. Por ejemplo, el vicerrectorado de Innovación con Rafa Ventura está arrasando. En Cultura, hemos conseguido que al menos la UMA esté en el circuito cultural de la ciudad porque antes era demasiado académico, demasiado endogámico. 

¿Cómo observa la transición de los recién graduados al mundo laboral comparada con la correspondiente a su época de estudiante?

En mi época, tampoco había muchas posibilidades. En comparación con la actualidad, ahora sí es cierto que la cosa está más complicada. Algo que provoca la marcha de graduados al extranjero. Siendo una verdadera pena porque estas generaciones son las mejores preparadas que ha tenido el país. A lo mejor, tenéis posibilidades de hacer alguna práctica, pero en la que os pagan una mierda. Con eso, difícilmente podéis independizaros. Como mucho, compartiendo piso. 

¿Están equiparadas las prácticas desarrolladas en los grados con la exigencia práctica en las primeras experiencias laborales? ¿Ha sido así siempre? ¿Observa diferencias entre los grados más tecnológicos o de ciencias y los grados de letras o más sociales? ¿Qué opina?

Hay cosas que efectivamente se aprenden en la facultad, por supuesto. Dirijo TFGs que son una maravilla, demuestran que saben de diseño, comunicación, vídeos, fotos… Sin embargo, evidentemente, tienen que aprender lo que es el mundo real con la propia práctica profesional. Y, oye, que eso también nos ocurría a nosotros. Aunque sí que debería haber más gente del mundo real en la Universidad transmitiendo esa realidad.

Lumbreras: “El grado está muy mal planteado. Los alumnos están continuamente haciendo trabajitos que son siempre iguales; los profesores solo cambian algún detalle”

El catedrático de Sociología de la Universidad de Valencia Antonio Ariño destacó en su estudio que los jóvenes se abstienen de la cultura. Se debe al factor económico (consumo caro) y el aislamiento por las nuevas tecnologías. Como vicerrectora de Cultura, ¿qué opinión le merece el interés actual de los jóvenes hacia la cultura con el de su época?

Todos los años el primer día de clase pregunto a mis alumnos: “¿Qué es para vosotros la cultura, qué os parece?”. Recuerdo que el año anterior (2021) una chica me respondió: “Pues… es que la cultura para nosotros es algo aburrido, antiguo”. En nuestra época, era el ocio que más se requería; un oasis de libertad. Cuando esa chica me respondió eso, me propuse demostrarles lo contrario e hicimos muchas actividades culturales. Hay que trasladar las diferentes formas de cultura que hay. Muchos la vinculan solo a por ejemplo la ópera. Qué lejos de ser aburrida, puede resultar algo tediosa para algunos. 

En sus clases suele contar anécdotas y eso para los estudiantes (según me dicen) la hacen muy cercana. ¿Qué cuenta y por qué lo ve útil para sus clases?

Principalmente, las anécdotas las cuento con la intención de educar, de contarles lo que ocurre fuera de las aulas, en la vida una vez alejada de las clases de la Universidad. 

Por ejemplo, algo que les cuento es el marketing de guerrillas que hicimos en el Contenedor. Íbamos por las facultades, entrando en las clases. Una vez, la chica encargada se equivocó de clase. Entró y se subió a la mesa del profesor, diciendo: “Ha llegado el Contendor Cultural, si quieres oír música, ir al cine, a las artes vivas… ven al Contenedor Cultural. Si quieres vivir lo más cercano a una fiesta gitana, ven al Contenedor Cultural”. De ahí surgen eslóganes como ‘Nosotros somos una barbaridad’, ‘No todo va a ser estudiar’. Recuerdo que en mi época íbamos más a actividades culturales que a las clases, aprendíamos mucho. 

En relación a esto, el primer día de clase digo a mis alumnos: “Estáis todos aprobados desde ahora. Pero, con un 5. Si aspiráis realmente a más nota, venid al Contendor Cultural”. Siempre había algún profe que no te quieres perder, pero es que donde se aprende mucho es fuera. Actualmente, el grado está muy mal planteado. Los alumnos están continuamente haciendo trabajitos que son siempre iguales; solo cada profesor cambia algún detalle. 

¿Qué te gusta recordar especialmente?

Sin duda, me gusta mucho recordar los años 80 y 81. Hice Filosofía y Letras. Cuando terminé la carrera, me fui con pareja José Miguel que era músico de vacaciones quince días a París con una amiga común que estaba allí haciendo una tesis doctoral. Llegamos y llamo a mi madre desde una cabina para decirle… “mamá, me parece que me voy a quedar aquí un poco más”. Terminamos quedándonos dos años. Comenzamos limpiando casas de subastas y productoras. Vivíamos junto al Pompidou. En mi bloque vivían, turcos, árabes y nosotros. Me hubiera quedado toda la vida. 

Como he dicho, mi pareja era músico de música clásica. Fue al metro un día y vio que había varias personas cantando. Él probó y llego a casa con la funda de la guitarra llena de francos. Le dije: “Vamos a dejar las limpiezas y vamos al metro, jaja”. Él tocaba y yo pasada el platillo. Nos llegamos a plantear marcharnos a Nueva York. La pena es que no nos fuimos porque entonces dijo José Miguel que tendríamos que volvernos a Málaga para encontrar trabajo. Y, ahora, soy vicerrectora de Cultura después de estudiar otra cosa. La vida da muchas vueltas y no hay que asustarse por ello. He conseguido superar momentos muy duros gracias a la cultura. 

Amante de la cultura, pero también de las letras. Y es que se licenció en el 70 en Filosofía y Letras. Su pasión por las letras le hace tener un bello recuerdo con la librería Prometeo en su etapa estudiantil. ¿Nos lo recuerda?

Hasta entrar a la facultad, era jipi. Después, me volví comunista al conocer al que fue mi pareja. Aunque… yo ya era un poco destroyer, jaja. Como mis padres también lo eran, nunca me regularon la hora para llegar a casa. Algo que me vino muy bien para ir a Proteo. En el ático de esta librería, hacíamos fiestones. Recuerdo que me hicieron un diploma poniendo ‘Musa de la Modernidad’. Comentábamos, discutíamos… 

Cuando se quemó la tienda, conté lo siguiente: junto a José Miguel, me hice socia de la librería. Éramos estudiantes, pagamos muy poco, aunque podíamos sacar libros hasta tres veces más que antes. Para nosotros era un puntazo, nos educamos con los libros. Cuando murió José Miguel, me dijeron que habíamos sacado más libros que dinero entregado. Sin embargo, me perdonaron esa diferencia y quedó todo saldado.

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Ahora, una historia divertida. ¿Cuál recuerda especialmente?

En el Contenedor Cultural hemos hecho grandes fiestas temáticas. Justo una para el 14 de febrero. Eran diferentes pruebas que debían hacer parejas; la que más tiempo aguantara besándose, ganaba una sudadera. Un día escuché a un grupo de jóvenes hablando sobre esa prueba y uno de ellos comentó que no tenía pareja, pero que quería una sudadera. ¿Qué hice? Pues ofrecerme. Claro, imagínate la gente comentando que una vicerrectora juegue a besarse con un estudiante. Se hizo y hubo vídeos circulando por todas partes. Aunque no habíamos ganado, le regalé al chico una sudadera, jaja. Hablando luego con el rector me aseguró que no me preocupara por lo ocurrido: “Que ladren”. Ciertamente, él siempre ha confiado mucho en mí y me ha dado libertad para realizar actividades desde que me llamó para ofrecerme mi actual cargo. Hemos hecho de todo, me ha respetado cosas que se salen de la típica academia, incluso fiestones con posteriores protestas de profesores. Hemos llegado a hacer hasta una versión de ‘First Date’.

¿Qué lugares de encuentro para universitarios ofrecía la ciudad en su época?

Estábamos todo el día en una casa de comida llamaba Tormes, que estaba junto a nuestra facultad. Al lado, un sitio de billares… Íbamos a todos los bares que conocíamos y claro, a conciertos.

Prestando atención a ese pasado, a modo de comparativa, ¿cómo ve que ha cambiado la oferta y la forma de ocio?

Ha cambiado bastante. Cuando hacía Galería Central, luego íbamos celebrar el éxito con diferentes alumnos. Cenábamos y acabábamos en una discoteca. La única que terminaba bailando era yo. Ellos estaban siempre con el móvil. Yo se lo decía: “Se liga más con el que tienes en frente hablando que a través de la pantalla. ¡Venga, a bailar, a bailar!”. Ahora, están todos encerrados en el mundo virtual. Además, generalmente salir de fiesta en la actualidad significa salir a beber; aún así, quedan buenos sitios de ocio donde podemos disfrutar mucho.

 

Que la cultura está ligada a la noche es lo que asegura Tecla Lumbreras cuando se define como una persona más noctámbula. De hecho, reconoce que va a bares de gente joven e, incluso, se lo pasa “de puta madre” en aquellos conocidos como ‘de ambiente’. El espacio cultural del Contenedor de la Universidad de Málaga ha supuesto un trasiego constante de personas que acudían y/o marchaban de sus talleres. Fue el caso del teatral, que incluso al término de la actividad se acercaron a Lumbreras a saludar. Pero… ¿quién no lo haría? Si incluso sus compañeras de trabajo destacaron de ella la capacidad de persuasión. De hecho, aprovechó para vender a un servidor el taller de Danza.

Entusiasmo y energía no le falta que, ligados a su capacidad racional, emanan las buenas críticas que circulan por la UMA. Sí, también junto a esas tantas actividades, siempre culturales. Si no que se lo digan al rector, D. José Ángel Narváez, que todas validó y que en Tecla confía como buen aporte a la institución universitaria. ¿Quién no puede entender que ese teléfono un día sonara? Si es que al final Narváez se percató que en la UMA había una Lumbreras para el Vicerrectorado de Cultura.